24 January 2022
 

15 de junio 2015. El amor después de Facebook y Whtasapp.  Padre, Raúl Ortiz Toro. Licenciado en teología patrística e historia de la teología. Maestría en Bioética, Roma, Italia. Docente, Seminario Mayor, Arquidiócesis de Popayán, Colombia.  A los sacerdotes nos buscan con gran frecuencia las parejas para dar gracias a Dios por las alegrías, dar luces sobre algunas crisis y aconsejar en casos de dolor y angustia.

He hecho una pequeña estadística personal con las parejas que atendí el mes pasado y de un grupo de doce, solo dos no estaban relacionados sus problemas con aspectos anejos a la tecnología y las redes sociales. Por una parte, los aparatos: computador, tableta, teléfono inteligente. Por otra parte, los servicios que éstos prestan: el correo electrónico, las fotografías, la participación en chats, redes sociales, portales de búsqueda de pareja, y un casi infinito “etcétera” cuando se trata de cosas del amor y las relaciones afectivas.

El mundo actual está construido sobre lo que el sociólogo Zygmunt Bauman ha definido como “Modernidad Líquida”; se trata de una categoría sociológica pensada especialmente para el ámbito de la competencia del mercado donde se evidencia la transitoriedad y el cambio en este aspecto, pero se ha reflejado especialmente en las relaciones afectivas, los vínculos humanos, que carecen de consistencia como consecuencia del individualismo: el amor empieza a perder fuerza y solidez, se vuelve líquido, flotante, sin responsabilidad hacia el otro y, por ello, transitorio. Así, todo amor es penúltimo; siempre se guarda la expectativa de que “por ahora estoy con esta pareja, pero puede ser que me resulte algo mejor”. Y esa expectativa falaz se convierte en recóndito deseo.

Sobre todo tenemos Facebook y WhatsApp, dos redes sociales muy populares. Antes de que las personas de manera tan fácil pudieran ponerse en contacto con otras afines, ¿había más fidelidad? No podemos sacar conclusiones definitivas; la infidelidad siempre ha existido pero sí podemos evidenciar que en estos tiempos y con este contexto es más fácil ser infiel y es más fácil ser sorprendidos en la infidelidad. Les pregunto a los que tienen relaciones afectivas: ¿Pueden darle a su pareja el celular y las cuentas de redes sociales y correos electrónicos durante una quincena sin temer ser descubiertos en alguna ligereza o infidelidad? En la mayoría de los casos la respuesta es negativa.

Estas situaciones se presentan especialmente porque hay muchas inseguridades en la vida personal y ellas se reflejan en la vida afectiva. Cuando las personas pasan por la etapa del enamoramiento surgen muchos ideales e ilusiones; pero sabemos que esa fase no es definitiva pues luego viene el desencanto – también necesario – para que, superada la crisis, la pareja se conozca mejor y construya algo sólido. La mayoría de parejas no quieren pasar del desencanto porque también el mundo actual busca una especie de felicidad sin contratiempos, sin dificultades: Una felicidad “inconsciente”. Entonces, en lugar de someterse al diálogo, a la aceptación de los errores, a la resiliencia, esa misma persona vuelve a empezar y se ilusiona con otra persona y vive siempre una afectividad ilusoria, casi que sometida a algo que podríamos llamar: “Síndrome del príncipe azul” que termina siendo un círculo vicioso y una búsqueda incansable y siempre insatisfecha. Y ya sabemos que los príncipes azules solo existen en los cuentos de hadas. Aquí, en este mundo, existen personas concretas, con errores, debilidades, pero también con muchas cualidades. Si eres uno de los que están intentando iniciar una nueva relación – y más si te ayudas de las redes sociales – piensa si no estás abriendo cada vez más un inmenso boquete que te dejará más vacío y por el cual puedes caer algún día en el sinsentido del amor y de la vida.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.