17 May 2022
 

19 de octubre de 2014.  ¿TRASTORNO PSICOLÓGICO O POSESIÓN DIABÓLICA? Autor: Pbro. Raúl Ortiz Toro. Licenciatura en Teología Patrística e Historia de la Teología - Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (Italia) - Maestría en Bioética - Universidad Pontificia Regina Apostolorum de Roma (Italia). Docente, Seminario Mayor San José de Popayán, Colombia 

 He venido desarrollando, progresivamente, estos artículos de interés para ayudar a quienes por diversas razones, en este mundo tan convulsionado y pesimista, piensan que el demonio anda rondando a su alrededor. En el primer artículo hablamos sobre la existencia del diablo, en el segundo sobre si era posible que pudiera tomar posesión de alguien o de algo y en este tercer artículo ayudaremos a entender que lo que muchas veces creemos que se trata de una posesión diabólica es un trastorno psicológico o una enfermedad clínica.

Ya hemos anotado en otra ocasión que la Iglesia ha sido muy prudente cuando se trata de dar por sentado un hecho de posesión a tal punto de recomendar, antes que nada, la visita a un profesional de la salud física y mental (médico general, psicólogo y psiquiatra).  Pero también es cierto que el demonio puede confundir a la persona al punto de hacerle considerar que no se trata de una posesión sino simplemente de una enfermedad mental. Por tal motivo se recomienda la prudencia y la oración para saber discernir sobre el particular.

En ciertos ambientes culturales, muy llenos de creencias en brujas, rezanderos, curanderos y espiritistas, la gente suele pensar con frecuencia que está poseída o que ha quedado bajo la saña del demonio debido a algún maleficio. Sin embargo, como el mismo Ritual de Exorcismos lo afirma en el numeral 15 de prenotandos: “También deben distinguirse los ataques diabólicos de los casos de credulidad mediante la cual algunos fieles juzgan que son objeto de maleficios, de mala suerte o maldiciones, ya sea ocasionados por otras personas contra ellos mismos o bien allegados contra sus bienes”.

Por lo anterior podríamos ir definiendo que:

1. No está poseído quien padece alguna enfermedad física que es ocasionada por factores fisiológicos (por ejemplo la epilepsia, el autismo o deficiencias en el sistema nervioso central, etc.): en estos casos se debe recurrir al médico general o al neurólogo.

2. No está poseído El que padece alguna enfermedad mental – psiquiátrica – como el Trastorno disociativo por trance o posesión (desorden disociativo de la personalidad: clasificación internacional de enfermedades mentales ICD-10) o esquizofrenia, trastornos psicóticos, fobias, neurosis, delirios, etc.: Se debe acudir al psicólogo o al psiquiatra, según el caso.

3. No está poseído El que ha caído en un estado de alteración de la conciencia cuyo cuadro ha sido provocado por drogas o tóxicos, sobre todo el LSD (conocido como “ácido”), o alguna intoxicación por medicamentos o por heroína o por experiencias psicodélicas en general. En este caso se debe esperar a que pasen los efectos de la droga y, por consiguiente, el estado de alteración.

4. No está poseído El que ha sido objeto de maleficios, mala suerte o maldiciones por parte de personas sin escrúpulos que acuden a la hechicería o brujería. Estas personas aunque han sentido la amenaza del demonio sin embargo no están poseídas, deben hacer oración, confesarse, comulgar, llevar una vida correcta para blindarse contra los enemigos. La mejor “contra” frente al adversario es llevar una vida de gracia junto a Dios.

5. No está poseído El que habiendo practicado ocultismo o hechicería, dejando abierta la puerta a las insidias del demonio, se ha arrepentido a tiempo y habiendo hecho una buena confesión logró poner su vida en manos de Dios. Estas personas deben tener un proceso de conversión permanente donde el principal acto es la confesión sacramental de sus pecados, el dolor por haber ofendido a Dios con éstos y el propósito de no volver a cometerlos.

6. No está poseído Quien sufre cualquier tipo de adicción: alcohol, droga, sexo, juegos de azar, etc. o quien, simplemente, es señalado por la familia como poseído. Ni el pecador en general, por serlo, está poseído.

7. No está poseído El que ha sido remitido por un psiquiatra para que se le practique el exorcismo como una terapia de sugestión. En este caso, el sacerdote exorcista no debe prestarse para practicar un rito que busque solo disuadir, como si se tratara de un acto de teatro.

El padre J. Fortea, en una famosa obra sobre temas de demonología que ya hemos citado, llamada “Summa Daemoniaca” (Cuestión 97) ha logrado una lista para no caer en despropósitos cuando se trata de discernir si nos encontramos frente a un fenómeno preternatural como la posesión diabólica o simplemente ante un fenómeno natural. Al respecto, una posesión no es un fenómeno sobrenatural pues solo Dios puede obrar por encima de cualquier naturaleza creada; se le llama, entonces, preternatural porque es “la actuación que va más allá del obrar de la naturaleza del universo material” (cuestión 29) y sus evidencias son:

1. Fastidio y horror ante lo sagrado y religioso

2. Accesos de furia contra lo sagrado acompañado de blasfemias e insultos

3. Pérdida de la conciencia y amnesia total y absoluta durante el trance. Durante el episodio se evidencia un cambio de personalidad.

4. Esta segunda personalidad tiene carácter maligno y se manifiesta corporalmente.

5. La persona vuelve lentamente a la normalidad, no de manera intempestiva.

6. La persona aparece como perfectamente cuerda fuera de los trances de posesión en los que emerge la segunda personalidad. No presenta una conducta delirante.

7. Pueden ser objeto de alucinaciones sensoriales (ver u oír algo en particular que les transmita miedo). Por el contrario no oyen voces internas ni sienten que algo les camina bajo la piel.

El Ritual de exorcismos, por su parte, advierte que el exorcista “no debe creer que hay posesión por la sola afirmación de alguien que expresa estar especialmente tentado, desolado o atormentado por el diablo, pues la persona podría estar engañada por la propia imaginación. Por el contrario, es necesario advertir también, para no equivocarse, que el diablo usa artes y fraudes para engañar al hombre, para persuadir al endemoniado que no es necesario someterse a exorcismo alguno, que su padecimiento es natural y debe someterse simplemente a la ciencia médica. Por lo tanto, siempre debe indagarse y quien es tenido como endemoniado debe ser especialmente tenido en cuenta para verificar si está realmente atormentado por el diablo”.