Natural de Gigante, Huila, fue el primer obispo de Ibagué, nombrado por el Papa León XIII el 29 de abril de 1903, cuando apenas tenía 31 años. Tomó posesión de la diócesis en Honda el 26 de agosto del mismo año y en sus 20 años de actividad pastoral en nuestra diócesis se destacó por la fundación del Seminario Mayor, varias parroquias en la zona rural y urbana, el Banco Agrícola, la Caja de Ahorros para Obreros, el Banco Social del Tolima y la población de Cajamarca. En 1923 pasó a ser Arzobispo Auxiliar de Bogotá.
Eclesiástico huilense (Gigante, febrero 22 de 1872 – Bogotá, junio 3 de 1950), arzobispo de Bogotá entre 1928 y 1950. Con motivo de la muerte de monseñor Ismael Perdomo Borrero, el obispo de Cartago, José Gabriel Calderón escribió: Fue un arzobispo de alma fuerte; pero fuerte con aquella fortaleza que es precisamente el sostén inseparable de la verdadera bondad. San Juan Crisóstomo en su diálogo con el sacerdocio dice del Obispo que para poder luchar victoriosamente contra todo obstáculo, debe ser grave y sencillo al mismo tiempo, severo y bueno, firme en el mandar y benévolo con todos, imparcial y amable, humilde y no servil, enérgico y dulce.
A simple vista esas parejas de virtudes parecerían contrarias entre sí y casi inconciliables […] en monseñor Perdomo hallamos siempre juntas la bondad y la fortaleza bajo todos esos aspectos de que habla San Juan Crisóstomo [. . . ] en la virtud es un hecho histórico hijo de Gabriel Perdomo Cuenca y María Francisca Borrero Silva, Ismael Perdomo estudió en Neiva e Ibagué; después se trasladó al seminario de Bogotá y continuó su preparación presbiterial en el Colegio Pío Latinoamericano, de Roma. Fue ordenado por el cardenal Lucido M. Parochi, vicario 1 de León XIII, el 19 de diciembre de 1896, en la Basílica de San Juan de Letrán. Doctor en Teología de la Universidad Gregoriana, grado que recibió el 20 de julio del año siguiente, estudió en el Seminario de San Sulpicio de París y regresó a Colombia en 1899. Vicerrector del seminario de Garzón, párroco de Altamira y secretario episcopal de Neiva, fue preconizado como primer obispo de Ibagué y consagrado el viernes 19 de junio de 1903, en la capilla del Colegio Pío Latinoamericano de Roma, por el prefecto de la Santa Congregación de Propaganda Fide, cardenal fray Jerónimo M. Gotti; oficiaron como asistentes José María Constantini, arzobispo titular de Patrasso y limosnero de Su Santidad, y Esteban Rojas, obispo de Garzón.
Tomó posesión de la diócesis el 4 de octubre de 1924; durante su episcopado, el obispo Rodríguez, original de Neiva, convocó tres sínodos diocesanos, le dio impulso a la Acción Católica y coronó a Nuestra Señora del Carmen de Apicalá como la patrona del Tolima. Fundó el Colegio Tolimense, la Catedral, la Curia Episcopal e inició la construcción del Seminario Mayor; fundó parroquias y sostuvo muchas obras de caridad.
Nacido en Abejorral (Antioquia), llegó a Ibagué el 7 de mayo de 1949 como Obispo Auxiliar de Mons. Rodríguez y el 27 de noviembre de 1950 se posesionó como Administrador Apostólico; el 17 de marzo de 1957 recibió el título de Obispo residencial. Durante su episcopado se creó la diócesis del Espinal (1957), se realizó el Congreso Mariano Diocesano, se fundaron numerosas parroquias y se promovió la ACPO (Acción Cultural Popular).
Hijo de Salamina (Caldas), doctorado en derecho canónico, supo darse a conocer por su fuerte sensibilidad social y su indudable proyección pastoral. Tomó posesión de la diócesis el 16 de febrero de 1960; convocó a nivel nacional la Gran Misión por la pacificación del Tolima que se realizó en varias etapas durante aquel mismo año y hasta 1964, lo que le granjeó múltiples reconocimientos a nivel departamental y nacional. Dio un especial impulso a la pastoral Social y a la educación de la juventud.
“El papa Juan XXIII por bula del 2 de noviembre de 1959, traslada a Monseñor Rubén a la Diócesis de Ibagué. Llegó en medio de la violencia política de la época y se dedicó a la apremiante tarea de organizar las misiones de paz y con un gran equipo de sacerdotes, seminaristas, grupos pastorales y laicos, logró un verdadero éxito de catequización y de paz para los fieles y la Iglesia de Dios. Creó la escuela apostólica en el municipio de Cajamarca (Tol), compró los terrenos para el nuevo seminario, creó la casa de la juventud, reconstruyó la casa episcopal y la catedral, fundó nuevas parroquias y capillas, además de un instituto de enseñanza nocturna, el colegio Pablo VI, propició el establecimiento de nuevas comunidades religiosas en la Diócesis.” (Libro de Oscar Rubén Duque Mejía).
El 14 de julio de 1964 se posesionó en Ibagué el quinto obispo residencial.
Natural de Onzaga (Santander) por casi treinta años rigió la diócesis. Le correspondió poner a la Iglesia de Ibagué en sintonía con las disposiciones del Concilio Vaticano II. Fue un gran administrador, fundó muchas parroquias en la ciudad y durante su episcopado se elevó la diócesis a la categoría de Arquidiócesis siendo él mismo nombrado primer arzobispo (1974), también se creó la diócesis de Líbano-Honda (1989) y fue un promotor de la justicia y la paz en la Región.
Monseñor José Joaquín, nació en Onzaga (Santander) el 12 de noviembre de 1916. Recibió el Sacramento del Bautismo el 28 de enero de 1917. Fue confirmado el 8 de Julio de 1917. Recibió la Ordenación sacerdotal en San Gil, el 21 de Julio de 1940. Fue Ordenado Obispo en Bogotá, el 24 de abril de 1955. Descansó en la paz del Señor en la ciudad de Ibagué Tolima Colombia el 22 de junio de 1996. En Onzaga se encuentra un museo dedicado a Monseñor Florez que dice así: “El que manda como el que sirve” a nuestro muy querido obispo onzagueño. 29 de septiembre de 1997.
Obispo oriundo de Cali, tomó posesión de la sede de Ibagué el 20 de mayo de 1993. Su gran proyecto pastoral fue promover en la diócesis el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE); trabajó con dedicación por el Seminario y las vocaciones; ordenó 34 sacerdotes y, como gran novedad, 12 diáconos permanentes. Durante su episcopado se fundaron 10 parroquias en la ciudad, el Hogar de Paso para el habitante de la calle, la Ciudadela Divino Niño y el Banco de Alimentos.
Ingresó a la Congregación de Jesús y María (eudistas), el 6 de abril de 1959, y fue ordenado sacerdote en Roma el 30 de maro de 1963. Obtuvo la licenciatura en filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá y la licenciatura en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Fue además profesor en el seminario de Pasto; formador de aspirantes Eudistas en Bogotá; consejero general de su congregación en Roma; rector del Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos y director de la Sección de Seminarios y Vocaciones del Secretariado Permanente de la Conferencia Episcopal.
En marzo de 1978 fue nombrado obispo auxiliar de Cali, y el 6 de mayo del mismo año, obispo. En diciembre de 1983 fue trasladado a la sede de Barrancabermeja, de la cual tomó posesión en mayo del siguiente año. Presidió la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal.
Originario de San Andrés (Antioquia), tomó posesión de la sede episcopal de Ibagué el 19 de marzo de 2003.
Nace el 18 de febrero de 1944 en San Andrés de Cuerquia, Antioquia, Colombia. Ordenado sacerdote el 22 de agosto de 1968 por Imposición de manos y oración consecratoria del Santo Padre, Pablo VI. Recibe el doctorado en teología moral “La Sagrada Escritura en la Teología moral” en el año 1988, en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. El 16 de marzo de 1989 es consagrado Obispo y nombrado para la prelatura del Alto Sinú y San Jorge en Colombia. en 1990 ocupa el cargo de Administrador Apostólico en la Diócesis de Sincelejo, Colombia. El 16 de febrero de 1993 es nombrado Obispo titular de la Diócesis de Sonsón-Rionegro en Antioquia Colombia. En marzo del año 2003 es nombrado arzobispo en la Arquidiócesis de Ibagué.
La tesis doctoral de Monseñor Flavio, contiene, una presentación realizada por Jorge E Jiménez Carvajal, Obispo de Zipaquirá Colombia, Secretario general del Celam. La obra consta de 4 capítulos: el primero, Presencia de la Biblia en la teología moral, apuntes históricos. El segundo, Unión de razón y Evangelio. El tercero, Sagrada Escritura, alma de la teología moral. El cuarto, Esfuerzo de hermenéutica moral. Perspectivas para una animación bíblica de la teología moral, síntesis conclusiva. “La tarea de la teología moral, que no es otra cosa que colaboración a la misión evangelizadora de la Iglesia, se presenta como un constante servicio mediador que comunica el ministerio de la Palabra de Dios con la experiencia vivida en el ministerio del corazón humano.”