Avanzamos en el conocimiento del discurrir histórico de nuestra Iglesia diocesana, abordamos en este mes de diciembre la vida y el ministerio episcopal del segundo obispo de la diócesis de Ibagué, Su Excelencia Pedro María Rodríguez Andrade. La fuente principal de la información aquí compartida es la reseña biográfica realizada por el Ilustrísimo Monseñor Marcos Lombo Bonilla.
Monseñor Pedro María nació en Neiva el 22 de febrero de 1873, hijo de Juan José Rodríguez Romero y de Damiana Andrade Charry…. Fue condiscípulo de Monseñor Ismael Perdomo Borrero; después de adelantar estudios primarios y secundarios en Neiva, fue a estudiar al Seminario Mayor de Bogotá. En 1.895 viaja a Roma para cursar estudios en derecho canónico en la universidad Gregoriana y residiendo en el colegio Pío Latino Americano. A los 24 años de edad, bajo la Rectoría de los padres Mariano de Luca, Pedro Baldi, Benedicto Gietti y Francisco Javier Wernz, famoso canonista, presentó sus últimos exámenes y le fue conferido el título de Doctor en Derecho Canónico, con todas las insignias y privilegios que a tal grado corresponden.
Culminado los estudios regresó a Colombia a la diócesis de Garzón, allí el principal cargo que asumió fue el de Vicario General de Monseñor Esteban Rojas. Nombrado obispo el 10 de abril de 1924; fue ordenado el 3 de agosto en Bogotá, fecha en que también fueron consagrados los obispos Miguel Ángel Builes obispo de Santa Rosa de Osos y Monseñor José Ignacio López Umaña obispo de Garzón; tomó posesión de la diócesis de Ibagué el 4 de octubre de 1.924; este dato nos permite recordar que hace cien años legó a Ibagué Monseñor Rodríguez.
En su primera carta pastoral señala con toda precisión el programa de todo su episcopado: “Dar gloria a Dios, imitar a Jesucristo, servir a los prójimos y salvar las almas y sacrificarse por ellas”. Y ese programa fue una realidad a lo largo de veintiséis años de su vida episcopal.
Monseñor Pedro, nos dejó como herencia edificaciones emblemáticas de la diócesis, veamos algunas de ellas:
Monseñor Lombo nos relata así la remodelación de la Catedral: “encontró Monseñor Rodríguez como templo Catedral una Iglesia deforme de cuatro naves, de grandes paredones de tapia pisada, de piso en tierra, y decidió emprender la remodelación adelgazando columnas, introduciendo arquerías y reforzando las bases. La obra se comenzó a principios de 1926; los primeros arreglos se vinieron al piso; fue necesario emprender de nuevo la obra y a este obispo se debe este templo de estilo románico, columnas y capiteles, arcos de medio punto, bóvedas lindamente ornamentadas y rosetones de alto efecto decorativo y sobre todo el fondo del altar mayor, obra de arte debida al maestro italiano, Pedro Julio D. Achiardi”.
Monseñor Rodríguez, también emprendió la remodelación de la Curia y edificó lo que actualmente se conoce como la Curia arzobispal, ubicada en la calle 10 No. 2-58; en cuanto a otras edificaciones que perduran en el tiempo podemos reconocer la primera parte del Seminario Mayor.
El padre Raúl Ortiz, en su libro “Hijos de la luz, historia y prospectiva del colegio Tolimense”, en la página 43 nos relata lo siguiente: “En el corazón de Monseñor Pedro María corrían varios proyectos de grande dimensión. En 1934, cumpliendo su primera década como obispo de Ibagué, pudo hacer realidad un sueño que albergaba desde tiempo atrás: funda un colegio de inspiración católica para la formación de nuevas generaciones de fervientes cristianos que tuvieran un decidido compromiso cívico.” El colegio Tolimense este año ha celebrado con gran entusiasmo sus primeros noventa años. Esta obra ha perdurado y ha suscitado en la comunidad educativa tolimensista, y en la arquidiócesis un profundo sentimiento de gratitud a Dios y a Monseñor Pedro María por tan insigne institución.
Según palabras de Monseñor Marcos Lombo, el acto religioso más influyente en la vida de la que entonces era la única diócesis del Tolima, dicho acto fue la coronación solemne de la imagen de la Virgen del Carmen.
Nos relata Monseñor Lombo que el Señor Obispo Rodríguez,” desde que vio por primera vez a la Virgen quedó inmediatamente enamorado de su celestial belleza, cautivo de sus ojos, prisionero de sus labios, atado por los lazos de su cabellera y ligado con todas las ataduras de los encantos de María Santísima “. (biografía de Monseñor Rodríguez, pp. 36).
“Antes de su coronación el obispo conmovió todo su territorio con la organización de cuanto se necesitaba para que la Reina que iba a ser coronada, recorriera todos los confines del reino que era suyo: desde el norte hasta el sur, desde el oriente al occidente: la Virgen salió en recorrido triunfal hasta el sur por Natagaima, hasta el norte por Honda y Dorada, hasta el oriente de Caldas Manzanares, Marquetalia hasta Monte bonito y el páramo de Letras. Todo esto estuvo inteligentemente preparado y la portentosa imagen entró con suficiente anticipación para conmover a la ciudad y congregar multitudes para la coronación. Todo estuvo a la altura de la soberana de cielos y tierra.” (oc, pp 36-37). El Carmen de Apicalá es actualmente el santuario mariano regional más importante del Tolima.
El 2 de diciembre de 1950 dimitió como obispo titular de la diócesis de Ibagué, recibió de la Santa Sede el título de arzobispo de Brissi; una vez entrega la diócesis a su sucesor, Monseñor Arturo duque Villegas, se quedó en Ibagué, residiendo en su casa de la carrera segunda entre calles 8 y 9. Actualmente en ese lugar funciona un colegio de primaria. Murió en 1.967.
Mons. Gustavo Vásquez Montoya
Artículo Periódico Kerigma – Edición 261 – Diciembre 2024