Mons. Rubén Isaza Restrepo

Cuarto Obispo de Ibagué (1959 - 1964)

Nació en Salamina (Caldas) el 20 de marzo de 1916, hijo de Julio de Jesús Isaza Sánchez y  María Leonor Restrepo Jaramillo, tuvo 10 hermanos, hizo sus estudios en el Seminario Conciliar de Manizales, fue ordenado sacerdote el 29 de octubre de 1939 en Manizales; el 18 de diciembre de 1952 fue nombrado obispo auxiliar de Cartagena; fue el primer obispo de la diócesis de Montería en el año de 1954, allí permaneció hasta el año de 1959, cuando fue nombrado obispo de la diócesis de Ibagué, su toma de posesión en este nuevo encargo fue el 16 de febrero de 1960; el gobierno pastoral de Ibagué cesó en 1964 cuando fue nombrado arzobispo coadjutor de la arquidiócesis de Bogotá.

Monseñor Guillermo Agudelo, en su libro “los arzobispos de Bogotá”, recoge una sentida nota periodística en relación con Monseñor Isaza cuando fue trasladado a Cartagena como arzobispo, que retrata su personalidad y carisma: “cumplió en Bogotá una fecunda obra cristiana y católica, una imponderable razón social, cultural, así como en otros importantes campos de su apostolado. Sus excelsas virtudes, su exquisito don de gentes, sus altas dotes de caballero, su sencillez encantadora, su noble espíritu apostólico le granjearon el cariño y el aprecio, la admiración de todos los sectores sociales capitalinos, donde se le ha apreciado y seguirá apreciando y recordando con amistad profunda” (P. 679). Similares comentarios se hicieron en Ibagué en relación con este egregio pastor.

Uno de los logros pastorales más destacados del episcopado, ejercido en la Diócesis de Ibagué, por Monseñor Rubén Isaza, fue la llamada GRAN MISIÓN POR LA PACIFICACION DEL TOLIMA; la primera etapa de la misión comenzó en la población del Líbano el 22 de julio de 1960, terminó el 7 de agosto de dicho año; participaron como misioneros cuatro obispos, cuatrocientos sacerdotes, doscientos religiosos y seminaristas, seiscientas religiosas y cientos de apóstoles laicos. Esta acción pastoral, en palabras de Monseñor Luís Felipe Jáuregui: “desarmó muchos brazos, acalló muchos odios, arrancó de los campos del crimen muchas almas que reconocieron su extravío” (Boletín diocesano, 1964).   La segunda etapa de la misión se llevó a cabo hasta 1964, con actividades puntuales cada semestre, con protagonismo del obispo, de los párrocos, las religiosas y los seminaristas.  

Monseñor Hernán Gallo Gallo, nos cuenta que Monseñor Isaza no descansaba en su trabajo por la paz; oraba con dedicación, recorría personalmente todos los sitios de misión y encabezaba las multitudinarias procesiones con el Cristo Misionero. Conviene aquí recordar que esta imagen, traída desde el Ecuador, se encuentra actualmente en el templo de la parroquia San Miguel Arcángel de Cajamarca.

Monseñor Isaza fue un gran promotor de las vocaciones sacerdotales; es preciso destacar dos acciones en orden a este  tema de la formación de los sacerdotes y el amor por las vocaciones: pretendió construir el Seminario Mayor en zona campestre, adquirió para tal fin una finca en las inmediaciones del barrio Boquerón, al inicio del camino que conduce a la Martinica; fundó la Escuela Apostólica Santo Domingo Savio en Cajamarca, allí en modalidad de internado estudiaban niños en los grados de quinto de primaria y primero de bachillerato, luego pasaban al Seminario menor San Joaquín en Ibagué; fueron rectores de la Apostólica Monseñor Hernando Rojas Ramírez, Monseñor Alberto de Jesús Sánchez y Monseñor Hernán Gallo, esta obra tuvo una corta duración, funcionó hasta el año de 1968. 

Como obispo de Ibagué participó en las dos primeras sesiones del Concilio Vaticano II, en 1962 y 1963. Concilio convocado e inaugurado por Su Santidad Juan XXIII y clausurado por Su Santidad Pablo VI.

En orden a facilitar el trabajo pastoral y a tener espacios para el apostolado laical construyó el edificio denominado Central diocesana de Apostolado, adjunto al Palacio Arzobispal; en el callejón entre la Curia y la Gobernación, creó la llamada Casa de la Juventud, en el día de hoy allí funciona el ITEP.

Por decreto 36 del 27 de septiembre de 1960, creó la Cáritas diocesana, hoy día llamada la Pastoral Social que tanto bien ha hecho en el Tolima y en Ibagué; el primer director de Cáritas fue el Padre Héctor Bejarano Jiménez, se compró un terreno en el barrio Ricaurte y se instalaron allí hornos para la producción de pan, diariamente se repartían 10.000 raciones gratuitas, acompañadas de leche en los centros parroquiales de Cáritas Ibagué y 5.000 en Armero, Líbano y Honda.

También apoyó el programa laical en orden a la caridad de la Cruzada Social que había sido fundada en 1952 por el Padre Álvaro Ríos. Esta organización cobró nuevas fuerzas apoyada por el Obispo Isaza; en la sede de la Cruzada se dictaban talleres de modistería. Se iniciaron los clubes de mejoramiento del Hogar, que aún hoy día patrocina la Pastoral Social; la sede también servía de guardería y funcionaba una escuela gratuita con alimentación incluida para 120 niños. Se prestaba el servicio médico, se contaba con una farmacia y se prestaban servicios de enfermería.

 Durante el episcopado de Monseñor Isaza, también se potenció el hospital San Rafael, se construyó un nuevo edificio de tres pisos e inició los servicios de pediatría, laboratorio patológico, se reorganizó administrativa y sindicalmente.

Fundó las siguientes parroquias: San José Obrero, San Martín de Porres, San Juan Bautista en la ciudadela Jordán Tercera etapa. Impulsó la creación de varios centros educativos y la economía solidaria.

En 1964 fue nombrado arzobispo coadjutor de Bogotá, allí estuvo hasta el año de 1967; después asumió el encargo de arzobispo de Cartagena, en la ciudad Heroica concluyó su ministerio pastoral, los quebrantos de salud que minaron su vitalidad y que finalmente lo llevaron a la muerte, lo obligaron a presentar renuncia a la Sede arzobispal de Cartagena, regresó a Manizales a estar entre los suyos, con su clero de origen, pasó los últimos cuatro años de su vida, prestando, no obstante, sus ejemplares servicios sacerdotales en una de las parroquias de la ciudad, a la que acudían los fieles en busca de su consejo y del calor de la amistad. Su muerte acaeció el 9 de marzo de 1987.

Mons. Gustavo Vásquez Montoya                        

Artículo Periódico Kerigma – Edición 263 – Marzo 2025