19 April 2024
 

30 Diciembre 2011. Lucas 2,22-40 eso es familia

°°° Según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones*, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» °°° Los textos sagrados recogen el espíritu del deseo de Dios para con la familia. El libro del Eclesiástico en su capítulo 3 se detiene en el cuarto mandamiento de la ley de Dios. Es el mandamiento de la familia, del amor, de la unidad, de la responsabilidad, de la correlación de las personas, del ideal de cualquier persona, vivir en familia. Dios propone la vida virtuosa de las personas para que se pueda dar la vida en familia: “El Señor quiere que los hijos honren a su padre y reconozcan la autoridad de la madre. El que respeta a su padre borra sus pecados y honrar a la madre es guardar un tesoro… El que respeta a su madre será premiado por Dios… socorrer al padre es cosa que no se olvidará…”

Así pues las virtudes de las personas definen el ser de la familia, la voluntad y espiritualidad de las personas definen el hacer de la familia. Dios quiere que sean los valores los que dirijan la vida familiar, que cada persona encarne el espíritu de su familia y ponga al servicio de la familia sus mayores cualidades y dones. Que no se pierda de vista valores como el respeto, la honra, el auxilio, el consuelo, el reconocimiento de la razón de ser de cada uno de los miembros de la familia.

La vida familiar tiene como fundamento el amor mutuo, pues el amor es vínculo de perfección. Así lo enseña el apóstol san Pablo en su carta a los colosenses en el capítulo 3. Hay algo que anima, enriquece, y sostiene la energía en la familia. Ese alguien es el amor. Una virtud que poseemos todos los seres humanos, pero que curiosamente en muchos casos no funciona para organizar la familia. Las razones pueden ser variadas, desde los conceptos individuales, desde la cultura, desde la formación en el hogar, desde la misma sociedad que ha desdibujado el sentido del amor como valor supremo y como soporte de la vida humana. Muchos ideales que nos proponemos los hombres inician en el amor, necesitan del amor, se sostienen con el amor, y abren perspectivas desde el amor.

El amor nunca va a funcionar mientras no esté guiado por la inteligencia humana. Alguien decía: El corazón tiene razones que la razón no le logra entender. Muchas personas piensan que tienen la razón, porque cada uno tiene su concepto personal sobre el amor, rara vez alguien entra a decir el amor tiene sentido cuando es relacional, cuando conlleva a la persona a vivir en un estado de amor, en otras palabras, sus sentimientos, su voluntad, su inteligencia, su quehacer se desarrolla en un espíritu de amor; por ejemplo: contemplas el dolor de los demás, los comprendes, los respetas, los escuchas, sencillamente porque amas a todos; te esfuerzas por cultivar tu vida, por purificar tu espíritu, por alimentar tu alma, sencillamente porque amas la vida y reconoces que el fruto del amor de tus padres, es gracia de Dios que te permite vivir en este mundo; la vida la llevas con amor. No destruyes, luchas por la conservación del medio ambiente, porque amas la naturaleza –obra de Dios, para el bien de los hombres.-

Dios siempre tiene la razón. Sin el amor es imposible que vivan en armonía los hombres y mujeres en este mundo. Sin amor, no se entiende al otro que es tan diferente a mí. Sin amor, se pierde el respeto por las personas y no se reconoce el tanto daño que le hacemos “Infidelidad”. Sin amor se cometen cantidad de injusticias con los hombres, porque faltamos a la verdad, porque nos dejamos llevar de la cólera, de la envidia, de la venganza, nos convertimos en lobos para los demás “Homo homini lupus”. Sin amor no entendemos la Iglesia, sus sacramentos, la Palabra que anuncia, sus sacerdotes, sus religiosas, su obra, su dedicación; porque nuestra actitud es demasiado negativa, porque el espíritu nos impulsa más a la crítica que al aporte de que yo mismo me convierta en esa Iglesia que anuncia, que ama, que convierte y que denuncia para volver al camino de la razón de Dios: “Como elegidos de Dios, santificados y amados, por Él, revístanse de sentimientos de compasión, de benevolencia, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, hagan ustedes lo mismo con los demás.

La familia de Nazaret es la mejor escuela para entender cómo se fusiona una familia, cómo se organiza, cómo sus miembros viven su propia realidad en la armonía del amor, del entendimiento, de la comprensión, de la tarea que se le ha encomendado a cada persona. El niño Jesús actúa de manera autónoma pero no por desobediencia e irresponsabilidad de adolescente, sino por fidelidad a su conciencia de Hijo de Dios. San José asume su paternidad adoptiva, con cariño y sacrificio porque sabe su responsabilidad delante de Dios. No fue fácil para san José decir sí, pues su amor de hombre estaba inclinado normalmente a formar una familia con la mujer que a él le gustaba, pudo más el amor y la fidelidad a Dios, que ser desobediente ante el destino, su sacrificio es meritorio ante una historia de salvación del mundo.

La Virgen María, con toda seguridad estaría pensando como cualquier mujer en ser mamá, en ser esposa, en ser compañera, en organizar su casa, en vivir lo que nuestra genética determina, pero se adelantó el amor a Dios, la fidelidad a la Palabra, la conciencia de lo que iría a suceder, y declina por un amor universal “Hágase en mí según tu Palabra; Aquí está la esclava del Señor”. El amor conserva una cantidad de variantes que muchas veces no atinamos a descubrir el valor de ellas en aras de la felicidad nuestra. Por ejemplo, el amor exige sacrificio, el amor se mueve en el perdón, el amor acepta la realidad conjunta de la persona, el amor se convierte en esperanza, es perseverante; en fin, el amor es el mayor valor que debemos cultivar las personas para entendernos como personas, y para relacionarnos como personas.

El amor en familia, mi amor por la familia, me permite vivir la gran experiencia de ser agradecidos con Dios, porque pertenezco a la familia de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Porque estoy dentro de una familia, porque en la familia se aprende amar a Dios, amar a los demás y el amor por uno mismo. Entendamos el amor desde el espíritu, desde la oración, desde lo sublime: “Gracias Señor en tu presencia venimos a orar. Nuestra fe te mira aquí presente, porque tú lo llenas todo. Estas en todas partes, para que en todas partes te busquemos, que en todas partes te encontremos, que en todas partes te conozcamos. En todas partes te amamos, estás dentro de nosotros para darnos y conservarnos el ser. Estás delante nuestro para guiarnos. Estás detrás nuestro para defendernos. Estás debajo nuestro para sostenernos. Estás sobre nosotros para bendecirnos. Estás a nuestro lado para acompañarnos. Estás siempre con nosotros para inspirarnos, para fortalecernos, para trabajar con nosotros.

En tu presencia venimos Señor, a orar. Haz que nuestra oración sea sencilla, humilde y sincera. Sencilla como la súplica del niño. Humilde como la petición del pobre. Sincera como la oración del publicano. Aquí estamos Señor en tu presencia. Pobres ante el rico; enfermos ante el médico; Débiles ante el omnipotente; Pecadores ante tu santidad infinita. Queremos que nuestros pensamientos sean para Ti, Que para Ti sean, nuestros deseos, afectos, voluntad, todo nuestro entendimiento.