Ordenación sacerdotal, un sí generoso y valiente al servicio del pueblo de Dios

El próximo 20 de mayo, nuestra Arquidiócesis vivirá un momento de gozo y esperanza cuando los diáconos Juan David Neira, Jair Felipe Sánchez Chávez, Juan Felipe Solano y Richard Andrés Suárez Mahecha reciban la ordenación sacerdotal en la Catedral Metropolitana de Ibagué, un momento que no solo marcará sus vidas al servicio del Señor, también la vida de nuestra Iglesia Particular que da gracias a Dios por esa respuesta generosa y valiente a la voz de Dios que los llamó a este ministerio. Conozcamos su vida:

Juan David Neira Ocampo

“Hágase en mí según tu palabra”. Lc 1,38

Oriundo de Roncesvalles – Tolima, 26 años; Hijo de Erly Patricia Ocampo Sanabria y José Germán Neira Rubio, creció en una familia que lo acompañó en su proceso de formación en la fe, de la cual aprendió a confiar en Dios a partir de un testimonio de entrega, sacrificio y oración: “Mi familia fue el primer lugar donde Dios comenzó a hablarme. Allí aprendí el valor de la oración, el respeto y el servicio. De manera especial, el ejemplo de mi madre, siempre fiel en la participación de la Santa Misa dominical, marcó profundamente mi vida” indicó. En este ambiente de fe y confianza fue creciendo el amor por Él; esto le permitió que su llamado se fuera haciendo cada vez más claro y firme en su vida.

Su llamado vocacional lo sintió a temprana edad, específicamente en las catequesis de preparación al sacramento de la primera comunión, pero tomó más fuerza en su último año de bachillerato, “Un momento clave fue la visita de unos seminaristas jóvenes al pueblo para una Semana Santa; en un breve diálogo, uno de ellos dijo: “Imito a Cristo porque quiero seguirlo como Él era”. Esa frase me marcó profundamente y despertó en mí un amor especial por Cristo, especialmente en la Eucaristía”, añadió.

Decir Sí al llamado de Dios no es sencillo, siempre cuesta dejar lo que se tiene planeado y más cuando los planes van en un camino diferente al que el Señor está llamando, y para el diácono Juan David también fue un reto: “Decir sí no fue fácil: tuve dudas, miedos y también cierta resistencia en mi familia. Además, me costaba dejar mis propios planes, como estudiar medicina en Cuba. Sin embargo, el acompañamiento de mi párroco fue fundamental para sostenerme en los momentos de crisis para poder dar el sí. Al final, lo que me dio la fuerza fue descubrir que el amor a Dios y el deseo de seguir a Cristo como sus discípulos eran más grandes que cualquier miedo u obstáculo”, agregó; esta decisión libre y generosa lo llevó a formarse en el Seminario Mayor y recibir la ordenación diaconal el 15 de agosto de 2025.

Monseñor Orlando lo envió a la parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá en Piedra Pintada, en este tiempo de servicio descubrió cómo la parroquia es un verdadero lugar de encuentro en la fe, donde la comunidad camina unida buscando a Dios, “Esta etapa me dejó como enseñanza la importancia de la vida sacramental y de encontrar a Dios en lo cotidiano, especialmente en la oración y en el servicio sencillo a los demás”. Este servicio concuerda con el sacerdocio que quiere ejercer. “Quiero ser un sacerdote cercano, sencillo y disponible, que sepa escuchar sin juzgar y acompañar con paciencia cada proceso. Un sacerdote que viva lo que predica y que haga visible a Cristo más con su testimonio que con sus palabras”.

Su mensaje a los jóvenes es: “Seguir a Cristo es algo tan hermoso que no se puede comparar con las cosas cotidianas. Es una experiencia que supera cualquier expectativa material e incluso nuestras propias expectativas humanas. La vocación es un camino en el que Cristo quiere ser el centro de la vida, donde uno aprende a entregarse totalmente a ese amor, siguiendo el mismo ejemplo de Jesús, que se dio por completo. No es un camino fácil, pero sí profundamente pleno. Por eso vale la pena arriesgarse. No tengas miedo de soñar en grande, como nos insistía el Papa Francisco. Atrévete a dar el paso, porque seguir a Cristo es lo más bello que puede vivir el corazón humano”.

Jair Felipe Sánchez Chávez

“No es que lo dé ya por conseguido o que crea que ya soy perfecto; más bien continúo mi carrera por ver si puedo alcanzarlo, como Cristo Jesús me alcanzó a mí. Por mi parte, hermanos, no creo haberlo conseguido todavía. Sin embargo, olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” Flp 3,12-14

Oriundo de Rovira – Tolima, 24 años; hijo de Francelina Chávez Chávez y Jair Sánchez Rojas, con un profundo sentido de familia, de quien recibió el apoyo, la oración y la fortaleza para dar un paso fundamental en su vida: salir de su municipio y mudarse al Seminario Mayor, dando respuesta al llamado vocacional que recibió al participar con su familia cada domingo de la celebración eucarística, y es que el acompañamiento de su familia en su proceso de fe fue fundamental, especialmente el de su mamá, la señora Francelina, quien le inculcó valores, virtudes y principios cristianos, y el amor a la Eucaristía.

Gracias a ese amor y contacto con la Eucaristía desde temprana edad sintió el llamado vocacional, especialmente, como dice él: “ver la presencia del sacerdote celebrando me conmovía profundamente y tocaba el fondo de mi corazón, haciendo que ese deseo se fuera configurando cada día más”, destacando que uno de los momentos más difíciles en su proceso de discernimiento fue el desprendimiento de la falsa seguridad que tenía antes de ingresar al seminario.” Significó renunciar a muchos gustos, pero con el tiempo comprendí que, en el fondo, me dejaban vacío”, agrega.

Luego de su paso de formación y discernimiento por el Seminario Mayor, se ordena diácono el 15 de agosto, y esta experiencia la resume en tres palabras: gracia, aprendizaje y autoconocimiento, “Gracia, por el sostenimiento que Dios me ha dado por sus medios ordinarios. Aprendizaje, a través del encuentro con el pueblo de Dios, primero al culminar mi etapa de Seminario y luego en mi experiencia parroquial. Y autoconocimiento, porque me ha permitido seguir escudriñándome, dejándome interpelar, pero cada vez más convencido de mi vocación.”

Recibe su ordenación sacerdotal como un don. “En definitiva, es un don recibido y trabajado en la comunión de corazones y voluntades. El llamado de Dios y mi respuesta han sido los medios por los cuales se ha alcanzado este regalo. Pero también es ilusión, es esfuerzo y es amor”.

Con una mirada al futuro el diácono Jair tiene un sueño sacerdotal y pastoral que va entrelazado con su proyecto de vida “ser un sacerdote con dos características que resumen mi proyecto de vida y de pastoral: un sacerdote espiritual y cercano al pueblo de Dios. La espiritualidad es lo primero para mí. Un sacerdote en intimidad con Dios, practicante fiel de la Liturgia de las Horas y administrador responsable de los Sacramentos, constituye la base de un buen ejercicio ministerial. La cercanía con la feligresía es el otro bastión. Un sacerdote apático, indiferente o encerrado hiere al pueblo que le ha sido confiado, en cambio, un buen carisma, una presencia permanente y hasta un decoroso saludo pueden marcar la diferencia. Todo esto, sin olvidar la creatividad constante para encender los corazones en este tiempo que vivimos.”

A partir de su vivencia vocacional y de su respuesta afirmativa al Señor, envía este mensaje a los jóvenes que hoy sienten esa inquietud vocacional: “A los jóvenes no les traigo un mensaje idealizado, sino uno que nace de lo vivido: la vocación no es un camino claro desde el principio, ni una historia sin dudas o luchas. Pero sí es un camino profundamente humano, donde Dios se hace presente en lo sencillo, en lo cotidiano y en las personas concretas que te acompañan. Yo no crecí soñando todos los días con ser sacerdote. Tuve etapas de confusión, momentos en los que la vocación parecía desvanecerse. Pero también hubo voces, rostros, comunidades y experiencias que me recordaron que Dios seguía llamando, incluso en medio de mi incertidumbre.

Por eso, mi mensaje es este: no tengas miedo de mirar hacia dentro y de tomar en serio aquello que arde en tu corazón. Si alguna vez has sentido que Dios te invita a algo más, no lo descartes ni lo postergues. No necesitas tener todas las respuestas; solo necesitas dar el primer paso.  La vocación no es para los perfectos, sino para quienes se dejan amar y transformar. Si Dios te está llamando, Él también te va a sostener”.

Juan Felipe Solano Vásquez

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la Copa de la Salvación invocando su Nombre”. Salmo 116,12

Oriundo de Ibagué, 36 años; hijo de María Eugenia Vásquez Ríos y Juan Alberto Solano Prado, quienes desde niño le infundieron la fe, el fervor, el amor a Dios y el respeto a la Iglesia, donde sirvió por medio del ministerio musical desde el año 2007.

Su inquietud vocacional nació en el año 2016 y con el acompañamiento del padre Miguel Alexis, su párroco y animador vocacional, inicia su proceso inicialmente en el Obispado Castrense hasta la pandemia, luego ingresa al Seminario Mayor de Ibagué para continuar su proceso formativo y de discernimiento.

Recibe la ordenación diaconal el 15 de agosto de 2025 y es enviado a la parroquia Inmaculado Corazón de María, “sentí que Jesucristo me amó grandemente y ni qué decir del cariño de la comunidad parroquial del barrio Ricaurte donde sirvo actualmente, y el acompañamiento de dos grandes sacerdotes con los que ejercí mi diaconado: el Padre Isidoro y monseñor Ismael; ¡Dos papás!” agregó.

Las palabras de San Jan María Vianey “El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús” que lo acompañan en su proceso vocacional, lo motivan a ser un sacerdote que pone su ministerio al servicio del otro: “Quiero ser un sacerdote de las gentes, el sacerdocio es para el servicio del pueblo de Dios y a la gente hay que atenderla y apacentarla. La paga está en la vida eterna y deseo ir a donde la Iglesia así lo pida; la santidad está en el deleite de la sencillez de la vida”, indicó.

Su mensaje a los jóvenes que reciben el llamado del Señor: “Que respondan con generosidad a la invitación que Jesús les hace; la Iglesia espera demasiado de nosotros y que es necesario desapegarse de las cosas inestables de este mundo para dar una respuesta generosa que conduce a la plenitud”.

Richard Andrés Suárez Mahecha

“Uno de aquella región respondió: — ¿Y quién es el padre de todos esos? Por ello se difundió el proverbio: «¿También Saúl anda entre los profetas?». 1S 10,12

Ibaguereño, orgulloso hijo de uno de los barrios populares de nuestra ciudad, la Urbanización Martinica, 37 años; hijo de Flor María Mahecha y Richard Suárez, viene de una familia trabajadora y de oración, que lo motivan a querer donarse por los demás, especialmente por los pobres: “creo primero que el sacrificio de muchas madres y padres por sustentar a la familia es un resplandor de santidad, por otra parte todo sacerdote y cristiano debe tener esa característica dentro del corazón, querer donarse por los demás, especialmente por los pobres”, expresa. En su vida también destaca la figura de su abuela, la señora Gilma Suárez (Q.E.P.D.) quien desde su infancia le enseñó a orar.

Su proceso vocacional inició cuando realizaba sus estudios en Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad del Tolima, y cuando se encontraba realizando sus estudios de teatro en la escuela de formación artística y cultural (E.F.A.C.), ahí inicia el discernimiento vocacional y da un rotundo sí al Señor, que lo llevó a ingresar al Seminario Mayor, y el 15 de agosto de 2025 recibir la ordenación diaconal.

Su asignación pastoral en el diaconado fue en la Parroquia Santa Gertrudis en Rovira, rodeado por el cariño de la gente y el apoyo de los padres con los que comparte el trabajo pastoral; para él este tiempo fue muy importante y complejo al inicio ya que “pasar a ese estado de vida, es como cuando uno va de copiloto y le pasan después el carro para manejar”, indica. Las enseñanzas y el cariño de los habitantes de esta zona rural lo motivan a ejercer el sacerdocio siendo un pastor que está con las personas, especialmente con los más pobres, porque “ser sacerdote va más allá del culto divino, está también en el compartir con las gentes y trabajar con ellos, quisiera poder continuar y afianzar la pastoral cultural que llevo planteando desde el Seminario y ahora en la parroquia”, puntualiza.

Su mensaje a los jóvenes que tienen miedo de seguir a Cristo es: “el miedo no supera la confianza en Dios. Que digan sí, sin medir consecuencias, que digan sí porque Jesús los está llamando, que sepan que realmente nunca se va a estar solos, que la Iglesia los va a acompañar como madre y maestra, que se van a encontrar con un presbiterio que los acogerá como a uno de los suyos y los apoyarán, que tendrán un pueblo de Dios para predicar el mensaje de Cristo”.

Como pueblo de Dios estamos llamados a abrazarlos y acogerlos en la Iglesia, con nuestra presencia y oración, pidamos por ellos, no sólo por los que recibirán el orden sacerdotal, sino que también por los que en el mundo escuchan el llamado a ser sacerdotes para que con valentía y generosidad den un sí firme al Señor.

Departamento de Comunicaciones

Arquidiócesis de Ibagué

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