El lunes 11 de mayo de 2026, Monseñor Orlando Roa presidió la Eucaristía con la que se dio apertura al Año Jubilar, con ocasión de los 100 años de fundación del Monasterio de la Inmaculada Concepción. En la homilía reconoció el valor de la vida monástica, agradeció por estos 100 años de presencia y entrega generosa. A continuación encuentre el texto completo.
Madre Consuelo y Queridas hermanas concepcionistas; queridos monseñores, sacerdotes y hermanos de la familia Franciscana, amados sacerdotes, seminaristas, religiosas y religiosos de la ciudad; queridos fieles laicos que hoy nos acompañan:
Con profundo gozo nos hemos congregado en este monasterio de la Inmaculada Concepción para inaugurar solemnemente el año jubilar con motivo de los cien años de presencia de las hermanas concepcionistas en Ibagué. El 11 de mayo de 1927 llegaron a esta ciudad aquellas primeras religiosas venidas desde Bogotá: Dolores de la Santísima Trinidad, Emilia de las Mercedes, Margarita de los Sagrados Corazones, Bárbara de la Santísima Trinidad, acompañadas por siete postulantes, trayendo consigo el tesoro silencioso de la contemplación, de la oración constante y del amor entrañable a la Santísima Virgen María.
Leí en el periódico Kerigma del mes de mayo de 2026 estas palabras de la Madre Consuelo: “Damos gracias a Dios y también a las hermanas de la Presentación quienes recibieron a las Concepcionistas recién llegadas como miembros de su propia familia, y también a los obispos, sacerdotes, familias y laicos que han sabido acoger a las hermanas con amor y generosidad. Quiero que se haga visible nuestra gratitud a la Arquidiócesis de Ibagué, por cada persona, familia e institución que nos han acogido, con manifestaciones de cariño y cercanía”.
Hoy, casi un siglo después, damos gracias a Dios porque esta casa ha sido un faro espiritual para nuestra arquidiócesis; un lugar donde, día y noche, se ha elevado el incienso de la oración por la Iglesia, por el Obispo, por los sacerdotes, por los seminaristas, por las familias, por los enfermos, por los pobres y por toda la humanidad.
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar ilumina providencialmente esta celebración.
En los Hechos de los Apóstoles vemos a San Pablo llegar a Filipos y encontrarse con una mujer llamada Lidia. El texto dice que “el Señor le abrió el corazón para aceptar lo que decía Pablo”. En los Hechos de los Apóstoles entendemos también, que la obra de Dios comienza siempre así: abriendo corazones. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido durante cien años en este monasterio: el Señor ha abierto aquí el corazón de innumerables mujeres para entregarse totalmente a Él en la vida contemplativa.
La vocación contemplativa no es una huida del mundo, como lo explican las mismas hermanas de este monasterio en un video que rueda por las redes sociales; es una forma profunda de amar al mundo desde el corazón de Dios. Mientras muchos trabajan en medio del ruido y de las preocupaciones cotidianas, ustedes, queridas hermanas, sostienen espiritualmente a la Iglesia desde el silencio del claustro. En un tiempo marcado por la prisa, el activismo, la superficialidad y tantas heridas espirituales, la vida contemplativa se convierte en un testimonio profético que recuerda que Dios basta.
El salmo responsorial nos ha hecho cantar: “El Señor ama a su pueblo”. Pues así es el amor del Señor que se ha manifestado abundantemente en esta comunidad monástica. Todo ha sido manifestación del amor de Dios para el Tolima, para Ibagué, para nuestra Arquidiócesis. Cuántas hermanas pasaron por estos corredores y por esta capilla cuántas ofrecieron aquí su juventud, sus lágrimas, sus sacrificios, sus enfermedades y hasta su propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia. Hoy hacemos memoria agradecida de todas las monjitas que desde la fundación hasta nuestros días vivieron y murieron en este monasterio. Aunque muchas veces permanecieron ocultas a los ojos del mundo, ninguna de sus vidas quedó oculta para Dios.
Sus nombres quizá no aparezcan en los libros de historia humana, pero sí están escritos en el corazón de Cristo. Ellas edificaron espiritualmente esta casa con la fidelidad cotidiana, con la oración perseverante, con el trabajo manual humilde y silencioso, con la observancia de la clausura papal y con el deseo sincero de imitar a la Santísima Virgen María, especialmente en su advocación de la Inmaculada Concepción.
El evangelio de hoy nos habla del Espíritu Santo, el Paráclito, que da testimonio de Cristo. Jesús advierte a sus discípulos que encontrarán dificultades, incomprensiones y pruebas. También la vida contemplativa conoce la cruz: la renuncia, el silencio, la obediencia, la perseverancia diaria el combate espiritual. Pero el Señor sostiene a quienes le entregan totalmente la vida.
Queridas hermanas concepcionistas ustedes son testigos silenciosos del Evangelio. Su claustro no las separa de la realidad, por el contrario, las coloca en el corazón mismo de la Iglesia. Desde aquí evangelizan con la oración, interceden por los pecadores, acompañan espiritualmente al Obispo, a los sacerdotes, a nuestros seminaristas y sostienen las fatigas pastorales de toda la arquidiócesis.
Hoy queremos agradecer particularmente el carisma legado por Santa Beatriz de Silva, aquella mujer providencial nacida en Portugal y enviada por Dios a Toledo, en España, para fundar en el siglo XV esta familia religiosa dedicada a honrar el misterio de la Inmaculada Concepción de María. Desde entonces, generación tras generación, las concepcionistas han mantenido viva una espiritualidad profundamente mariana, contemplativa y eclesial.
Qué hermoso que precisamente este centenario se prepare con un año jubilar concedido por la Penitenciaría Apostólica de Roma. Es un regalo inmenso de la misericordia de Dios para este monasterio y para toda la arquidiócesis. Desde hoy 11 de mayo de 2026 hasta el 31 de mayo de 2027, fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, los fieles podrán obtener aquí la indulgencia plenaria bajo las condiciones establecidas por la Iglesia.
Conviene recordar con claridad cuáles son esas condiciones:
- confesarse sacramentalmente con sincero arrepentimiento;
- participar devotamente en la Eucaristía y comulgar;
- orar por las intenciones del Santo Padre;
- y tener la disposición interior de rechazo total al pecado, incluso venial.
Además, los fieles deberán peregrinar a este monasterio jubilar y participar piadosamente en las celebraciones litúrgicas o dedicar un tiempo conveniente de oración ante el Señor.
Veo que “las hermanas tienen previsto celebraciones solemnes de Santa Clara de Asís el 11 de agosto, Santa Beatriz de Silva el 17 de agosto, San Francisco de Asís el 4 de octubre y la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. Además, jornadas de formación, difusión de la espiritualidad franciscana, exposiciones de arte sagrado, conciertos de música sacra y acogida fraterna a grupos parroquiales y movimientos que peregrinen para ganar la indulgencia plenaria”. (tomado del periódico Kerigma de mayo de 2026).
La indulgencia plenaria nos recuerda que la misericordia de Dios es más grande que nuestras miserias y que la Iglesia, como madre, nos ofrece abundantemente los tesoros espirituales de Cristo.
Queridos hermanos: este año jubilar no puede quedarse solamente en una celebración histórica o en un recuerdo emotivo del pasado. Debe ser un tiempo de renovación espiritual para todos. El centenario debe impulsarnos a valorar más la oración, el silencio interior, la adoración eucarística, la vida sacramental y el amor a la Virgen María.
En medio de una sociedad tantas veces herida por la violencia, el egoísmo, la corrupción y la desesperanza, este monasterio sigue proclamando que Dios vive, que Dios escucha y que Dios actúa en el silencio fecundo de la contemplación.
Pidámosle hoy a la Inmaculada Concepción que cuide esta comunidad monástica, que suscite nuevas vocaciones contemplativas y que permita que este monasterio continúe siendo durante muchos años más un pulmón espiritual para Ibagué y para toda la Iglesia.
Y a ustedes, queridas hermanas, les digo en nombre de esta arquidiócesis: gracias. Gracias por su oración escondida. Gracias por su fidelidad perseverante. Gracias por ofrecer su vida cada día por nosotros. Aunque el mundo muchas veces no comprenda plenamente su misión, la Iglesia sí la comprende, la valora y la necesita profundamente.
Que María Inmaculada las cubra con su manto y que Cristo Señor las mantenga siempre fieles en el amor, Que no dejen de gozar de la presencia e intercesión viva y constante de San José, de Santa Beatriz de Silva, de San Francisco de Asís y de todos sus santos tutelares. El lema que han elegido las hermanas para este año jubilar oriente nuestro caminar hacia la fiesta centenaria del año 2027: “Agradecer el pasado, celebrar el presente, construir el futuro”. Hermanas que Dios les bendiga con muchas y santa vocaciones religiosas. Así sea
Mons. Orlando Roa B.
Arzobispo de Ibagué


