Carisma
“¿No hay nadie entre vosotros que quiera dedicarse a hacer el bien por amor al Corazón de Jesús?” Estas palabras, escuchadas por la Madre Eugenia a los 18 años en la iglesia de Santa Sabina de Génova, se han convertido también en una llamada personal y decisiva para nosotras. Desde aquella tarde del 31 de mayo de 1863, el carisma Ravasco tomó forma: un don de Dios que nosotras, sus hijas, conservamos y vivimos cada día. Nuestro carisma tiene su raíz en el amor del Corazón encarnado de Cristo , realmente presente en la Eucaristía: el corazón “manso y humilde”, obediente al Padre y apasionado por la salvación del mundo hasta la donación total de sí mismo en la Cruz. Junto al Corazón de Jesús contemplamos el Inmaculado Corazón de María . En ella encontramos madre, maestra y guía.