Mons. José Joaquín Flórez Hernández

Primer Arzobispo de Ibagué (1964 - 1993)

La noticia del nombramiento del obispo sucesor de Monseñor Rubén Isaza Restrepo fue conocida en Ibagué el 18 de marzo de 1964; Su Santidad Pablo VI nombró a Monseñor José Joaquín Flórez Hernández obispo de la diócesis de Ibagué, el nuevo obispo llegó a esta ciudad y tomó posesión de la diócesis el 14 de julio de dicho año.

Su pueblo natal fue Onzaga (Santander), nació el 12 de noviembre de 1916; los estudios primarios los realizó en su pueblo, los estudios secundarios y los requeridos para su ordenación sacerdotal los adelantó en el Seminario Mayor San Carlos de San Gil.

Fue ordenado sacerdote en la Catedral de San Gil el 21 de julio de 1940; recibió esta ordenación de manos de Monseñor Leonidas Medina. Su ministerio empezó a ejercerlo como Prefecto de disciplina y profesor del Seminario de San Gil, luego fue secretario del obispo; ejerció como párroco en San Joaquín y en San Vicente de Chucurí; de 1953 a 1955 se desempeñó como Secretario del Episcopado Colombiano.

Fue nombrado obispo de la recién creada diócesis de Duitama – Sogamoso por su Santidad Pío XII el 8 de marzo de 1955; consagrado obispo en la Catedral Primada de Bogotá el 24 de abril de 1955, tomó posesión de la diócesis de Duitama el 5 de junio de 1955, pastoreó esta diócesis durante nueve años.

Al asumir el gobierno eclesiástico de la diócesis de Ibagué, recién terminado el Concilio Vaticano II, soplando vientos de renovación, “Monseñor Flórez supo caminar con meditada prudencia, sin dejarse llevar por extremismos de izquierda o de derecha. Y cerrado el paréntesis de expectativa acometió en forma la tarea de la Renovación Conciliar” (Marulanda Fabian, Servicio de información, abril de 1980, 19). 

“Le ha correspondido a Monseñor Flórez un periodo difícil e interesante en la historia de la Iglesia. Los grandes movimientos de Renovación y de cambio iniciados por el Concilio Vaticano II han creado exigencias nuevas y han obligado a una revisión de estructuras y de organismos eclesiales. Mons. Flórez ha dirigido con extraordinario acierto la diócesis a lo largo de estos años: comenzó con la promoción e integración del Presbiterio y de las Religiosas, a través de cursos, reuniones y equipos sacerdotales; estructuró la Vicaría de Pastoral y de Administración, el Consejo Presbiteral y el Secretariado de Pastoral. Adhirió al grupo de diócesis que forman parte de la Pastoral de Conjunto; dio a la diócesis una nueva organización agrupando las parroquias en cuatro áreas y propuso orientar toda la acción en base a un Plan Diocesano de Pastoral”. (Marulanda Fabian, boletín especial diocesano 75 años, p.32.

El 14 de diciembre de 1974, Su Santidad Pablo VI, mediante la bula QUAMQUAN ECCLESIARUM, eleva la diócesis de Ibagué al rango de ARQUIDIOCESIS, configurando esta nueva provincia eclesiástica con las diócesis sufragáneas de Espinal, Neiva, Garzón, y el Vicariato Apostólico de Florencia. Iglesias particulares ubicadas geográficamente en los departamentos del Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo.

.El 20 de mayo de 1975, con la presencia del Excelentísimo Señor Ángel Palmas, Nuncio de Su Santidad, contando además con numerosos obispos de Colombia, se erigió canónicamente la Arquidiócesis de Ibagué, y fue designado como primer Arzobispo el Excelentísimo Señor Obispo José Joaquín Flórez Hernández. En próxima edición del periódico Kerigma, relataremos algunos aspectos dignos de recordar con ocasión de la erección de la Arquidiócesis de Ibagué.

Retomando el relato de las realizaciones del arzobispo Flórez, podemos destacar los siguientes hechos: recibió los terrenos de la Granja del Padre Luna, reconstruyó y habilitó en ese lugar la casa de retiros y convivencias, llamada hoy día Casa Blanca; promovió la construcción de la primaria del Colegio Tolimense en el barrio Belén, terminó la obra de los apartamentos que dan frente a la Plaza de Bolívar, creó el fondo del clero y afilió a los sacerdotes al seguro Nacional de la Caja Vocacional. Fue celoso con el cuidado del Seminario, tomó decisiones prudentes para hacer viable este centro de formación del clero y evitar los conatos de división y extinción del mismo. El Seminario Mayor estuvo dedicado a la formación teológica del clero de varias diócesis en los años 70, hasta que hacia los años 80, reabrió la formación filosófica y teológica de los futuros sacerdotes.

El pastoreo de la arquidiócesis de Ibagué fue ejercido por Monseñor José Joaquín durante veintinueve años. Durante esos años, cuatro sacerdotes del clero diocesano fueron promovidos al episcopado: en 1972, Monseñor Hernando Rojas Ramírez, fue nombrado obispo de las diócesis del Espinal, años más tarde fue trasladado a la diócesis de Neiva; en 1977, Monseñor José Agustín Valbuena Jauregui, fue nombrado obispo de la diócesis de Valledupar; en 1986, Monseñor Fabián Marulanda López fue nombrado obispo auxiliar de Ibagué y luego en 1989, obispo de la diócesis de Florencia; en 1992, Monseñor Jesús Rubén Salazar Gómez fue nombrado obispo de Cúcuta, en 1999 fue promovido como arzobispo de Barranquilla, en 2010 fue nombrado arzobispo metropolitano  de Bogotá, en el año 2012 fue nombrado Cardenal.

 Transcribo a continuación apartes de las palabras del Padre Antonio Cifuentes en la celebración de las bodas de oro sacerdotales de Monseñor Flórez, el 21 de julio de 1990: “los enunciados biográficos, leídos superficialmente, podrían parecer una simple sucesión de fechas con sus datos respectivos, una cronología fría. ¡Para nosotros no! Nosotros vemos en ellos el transcurso de una vida significativa; mucho para otras comunidades; muchísimo para la nuestra, la tolimense, la ibaguereña.”

“los momentos fulgurantes que la jalonan, producto de los cotidianos, sencillamente vividos sin ruptura ni sobresaltos, contienen el impulso vital del Señor Arzobispo, inteligente, siempre orientador: el tránsito de diócesis a arquidiócesis, la exaltación al episcopado de algunos muy dignos sacerdotes de nuestro presbiterio, el nacimiento de otra diócesis de las entrañas de la nuestra (la diócesis de Líbano – Honda), las misiones urbana y rural, el congreso catequístico nacional (1989), el presente año bíblico que coincide con este cincuentenario glorioso y lo enmarca, el flujo diario de la caridad pastoral por todas las latitudes del territorio diocesano…”

Mención especial se debe hacer del servicio prestado de este insigne pastor con la tragedia de Armero: potenció la Pastoral Social para que asumiera el acompañamiento integral de los damnificados por la avalancha y la destrucción de Armero; acompañó las iniciativas gubernamentales y se constituyó en la voz oficial de la Iglesia para liderar los programas apoyados por organismos internacionales que hicieron llegar sus ayudas económicas para promover el resurgir de Armero y los sobrevivientes. Codo a codo con su Vicario de Pastoral que fue nombrado su obispo auxiliar y Vicario Episcopal del Norte del Tolima la Iglesia Católica fue protagonista de primer orden en el acompañamiento de los afectados por los efectos de la naturaleza. Como acto culminante en ese momento histórico se resalta la visita de Su Santidad Juan Pablo II el 6 de julio de 1986. El Sumo Pontífice, se arrodilló frente a la cruz que se levantó donde antes era el templo de Armero y oró por las víctimas y sus familiares.

Al cumplir 75 años de vida, presentó su renuncia como arzobispo de Ibagué al santo Padre, esta renuncia fue aceptada y estuvo al frente de la arquidiócesis hasta el 20 de mayo de 1993, fecha en que Monseñor Juan Francisco Sarasti Jaramillo tomó posesión como nuevo arzobispo de esta sede metropolitana de Ibagué.

Murió en Ibagué, el 22 de junio de 1996. Monseñor Sarasti en la homilía exequial resaltó algunos aspectos de la vida de este singular pastor: “Monseñor Flórez conoció, amó, gustó el Tolima y penetró los secretos del alma tolimense con singular percepción que le permitía vibrar con sus fiestas y opinar justamente sobre su idiosincrasia. Con ocasión de los festejos de sus bodas de oro sacerdotales, decía: “…un pueblo definitivamente bueno. Música y Fe, Catedral y Conservatorio, Religión y Folclor son el alma de las gentes del Tolima” (discurso de agradecimiento en el Concierto en su honor, el 20 de julio de 1990). y por una curiosa o providencial coincidencia, lo estamos depositando en el suelo tolimense el día mismo de la fiesta que identifica esta tierra, como ratificando con ello para siempre el título de “hijo adoptivo del Departamento del Tolima” que le otorgara en buena hora el Gobierno seccional.”

Continúa diciendo Monseñor Sarasti: “Por eso en aquella memorable ocasión, una tolimense ilustre entre las ilustres le decía: “Es usted el día y la noche, el canto y la oración, el amor sublime, la fe constante y la inspiración de esta su tierra hacia Dios”; y añadía: “Gracias, Excelencia, mil gracias, jamás olvidaremos todo lo que ha hecho y seguirá haciendo por nuestro pueblo” (Doña Amina Melendro de Pulecio, Directora del Conservatorio, 20 de julio 1990).

 Concluyo este artículo con las palabras conclusivas de la solemne Eucaristía en sus bodas de oro sacerdotales el 21 de julio de 1990: “Si hiciera yo un salmo, ese salmo tendría que ser: “Diócesis de San Gil, pueblos de Santander, ayudadme a alabar al Señor. Diócesis de Duitama, pueblos del norte de Boyacá, ayudadme a alabar al Señor. Diócesis de Ibagué, pueblos del centro y del norte del Tolima, ayudadme a alabar al Señor” …y aun cuando ya estamos terminando la Misa, yo me permito hacer como una especie de segundo ofertorio para decirles a todos ustedes, y así termino: “Orad hermanos, para que mi misa y mi vida sean agradables a Dios Padre Todopoderoso”.

Mons. Gustavo Vásquez Montoya                        

Artículo Periódico Kerigma – Edición 264 – Abril 2025