25 January 2021
 

Carta apostólica Admirabile signum del Santo Padre Francisco sobre el significado y el valor del Belén

 

1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

ADVIENTO: ESTE ES EL TIEMPO DE LA ESPERANZA

I Domingo de Adviento: Un discípulo siempre está en “vigilia” Mateo 24, 37-44

 

“¿De qué aprovecha saber cuándo vendrá el Señor, si Él no viene primero a mi alma y vuelve a mi espíritu, si Cristo no vive en mí y me habla?” (San Pascasio).

Nos dice el Concilio Vaticano II: “Siempre creyó la Iglesia que los… mártires de Cristo, por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos están más íntimamente unidos en Cristo; les profesó especial veneración…e imploró piadosamente el auxilio de su intercesión” (Lumen Gentium, 50). 

Nuestra Señora del Rosario

I.             Historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

La historia de la milagrosa Renovación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se remonta a mediados del siglo XVI  cuando los frailes dominicos comienzan su misión evangelizadora en la región central de lo que hoy es el corazón del territorio de Colombia. 

Los Frailes Dominicos fueron de los primeros misioneros que llegaron de España, recién descubierta la América, y a nuestro país lo hicieron en 1520 y luego a Santa Marta en 1528.  Herederos de la rica tradición filosófica de la Escuela de Salamanca fueron los adalides de los derechos humanos y promotores de la dignidad de los naturales.  Instruían no solo en la catequesis, traducida en lengua Muisca, sino que también enseñaban las primeras letras en las escuelas y formaban a las élites mestizas en las primeras universidades, la Santo Tomás 1580 y la del Rosario fundadas por los Dominicos.